miércoles, 8 de octubre de 2014

Un vuelo muy breve sobre la poesía de Cortázar

Sobre mi mesa de trabajo descansa un ejemplar muy usado de Salvo el crepúsculo que he tomado prestado en la Biblioteca Pública. Tengo que reconocer que poco me había acercado antes a la poesía de Cortázar (algún poema suelto de esos que deambulan por internet y poco más), pero la petición de mis amigos de “La Galla Ciencia”, que dedican esta semana al genio argentino y universal de la literatura, me ha animado a entrar en el juego. Tal vez la obra poética del autor de Rayuela haya quedado eclipsada para siempre tras su brillantísima producción en prosa, pero creo que merece la pena detenerse en ella. Me introduzco de esta manera, y un poco a vista de pájaro, en los versos de Julio. En los próximos días, no dudo que profundizaré en la lectura con la atención que merece.
  


Hay que decir que Salvo el crepúsculo recoge, en antología personal, la obra poética de Cortázar. No llegó a revisar las pruebas del libro, que se publicó por primera vez en 1984, poco después de morir. Parece que a modo de colofón nos dejara el legado de aquello que mantuvo más oculto durante toda su carrera, como si se tratara de un secreto íntimo, de algo que le avergonzara. 

En una división que podemos denominar temática, el índice está formado por trece partes, sin embargo, ya en la primera parte el autor indica lo siguiente dirigiéndose al lector: “Lo mejor: no empezar, arrimarse por donde se pueda. Ninguna cronología, baraja tan mezclada que no vale la pena. Cuando haya fechas al pie, las pondré. O no. Lugares, nombres. O no. De todas maneras vos también decidirás lo que te dé la gana...”, de aquí se deduce la obra como una gran composición multicolor en la que se funden los calendarios, los rostros y los mapas. 

A lo largo de las páginas encontramos fragmentos en los que el autor descubre su relación con el género lírico. En la pieza Para escuchar con audífonos Cortázar dice: “...el poema comunica el poema, y no quiere comunicar otra cosa. Su razón de nacer y de ser lo vuelve interiorización de una interioridad, exactamente como los audífonos que eliminan el puente de fuera hacia adentro y viceversa para crear un estado exclusivamente interno...” En uno de los textos de la parte titulada De edades y tiempo Cortázar afirma: “...sigo tercamente convencido de que poesía y prosa se potencian recíprocamente y que lecturas alternadas no las agreden ni derogan”. Un poco más adelante habla del pedestal en el que nos hemos empeñado en poner a la poesía y de cómo la poesía se abre paso y llega al público también a través de novelas, cuentos, canciones, películas, teatro... Muy acertadas las palabras de Cortázar y más cuando podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que toda su obra en prosa está impregnada por la esencia inconfundible de la poesía. 
 
El apartado titulado Con tangos comienza diciendo: “Poemas de bolsillo, de rato libre en el café, de avión en plena noche, de hoteles incontables... Me arrimo despacio a este jodido libro, intento un orden, secuencias, barajo y desbarajo, carajo. Empiezo a divertirme, por lo menos no parece haber riesgo de solemnidad en todo esto”. Nos podemos imaginar al autor intentando poner un orden que no existe en un montón de papeles en los que ha depositado sus versos a lo largo de toda una vida, desistir finalmente de todo orden y disfrutar de la labor. Podemos apreciar también, la relación de Cortázar con la poesía, tal vez como un juego, o como un divertimento. Algo que no se atrevió a mostrar al mundo hasta el final de sus días. En Comprobación del camino el autor dice: “Detrás de toda tristeza y toda nostalgia, quisiera que ese mismo lector sintiera el estallido de la vida y la gratitud de alguien que tanto la amó...”
  
Poco más puedo decir en esta breve toma de contacto, en este vuelo rápido sobre los versos que no hace justicia, ni mucho menos, a las páginas en las que me voy a sumergir de lleno en los próximos días, pero ya he visto lo suficiente para saber que Salvo el crepúsculo es una obra que me atrae de nuevo, y con la fuerza de siempre, al particular universo del inmortal Julio Cortázar.

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