miércoles, 15 de octubre de 2014

Editar en malos tiempos (3): ¿Qué editar?

Como veis, el título de esta serie de artículos es “Editar en malos tiempos”. Siento decepcionar a los que esperaban leer a un gurú de la economía lanzando al aire recetas, como si se trataran de conjuros milagrosos, para resolver los problemas que todos tenemos en esta época de crisis, y más en el mundo de la cultura y por tanto, en el sector de las pequeñas editoriales. 

Después de contaros en la entrega anterior los pasos que seguimos para constituirnos en Asociación Cultural, nos vamos a definir ahora como una “editorial microscópica vocacional”. Creo que el término “microscópico” necesita pocas explicaciones, pues hace referencia a nuestro tamaño en comparación con lo que nos rodea. Entiendo que el término “vocacional” requiere cierta aclaración. Distingo, por un lado, las editoriales profesionales, es decir, aquellas que, independientemente de su tamaño o ámbito de actuación, buscan una fuente de ingresos suficientes como forma de ganarse la vida. No es nuestro caso, porque los integrantes de Letras Cascabeleras tenemos otras vías para pagar nuestras facturas y llenar la nevera -como comenté en su día-, aunque no descartamos que en un futuro también la edición sea una manera de conseguir un sueldo y que podamos tener empleados cobrando una nómina dentro de la organización. Por tanto, y de momento, nos aplicamos la denominación de “editorial microscópica vocacional”, que no aficionada, porque como sabéis los que os dedicáis a esto, cada proyecto implica un trabajo duro al que no podemos colgarle la etiqueta de “amateur”. Sé que puede parecer una cuestión de términos sin la menor importancia, pero creo que es necesario señalar matices claves que nos distinguen de otras iniciativas. Y dicho esto, entramos en materia. 

¿Qué editar?

 Después de un primer acercamiento al oficio de editor, que fue un poemario propio, porque uno entiende que los experimentos es mejor hacerlos con gaseosa, abordamos la idea de lanzar nuestra línea editorial. Entonces nos planteamos la cuestión fundamental: ”¿Qué vamos a editar?” Sabíamos lo que no queríamos y también lo que buscábamos, unificamos puntos de vista y, en resumen, estas fueron nuestras conclusiones: 

1.- Editaremos textos de calidad, independientemente del autor. No buscamos nombres con trayectorias destacadas, sino obras concretas.

2.- Editaremos obras originales, que aporten algo al panorama literario, obras con fuerza, diferentes y, por supuesto, con un buen dominio de la lengua, que en definitiva es la herramienta principal que tiene todo escritor.

3.- No editaremos a nadie por compromiso, por amistad o porque venda mucho si la obra en cuestión no es adecuada a nuestro nivel de exigencia. Esto nos ha podido generar alguna que otra enemistad, pero preferimos dejar las cosas claras desde el principio. Obrar con sinceridad y sin rodeos es fundamental para nosotros.

4.- Por tanto, no editaremos algo si nosotros mismos no estamos completamente convencidos. Sabemos que no es fácil implicarse al cien por cien en un proyecto si de inicio hay dudas que hacen que los cimientos carezcan de la firmeza adecuada.

Y con estas ideas en la cabeza, con una buena dosis de optimismo y otra no menos imprescindible de locura, nos lanzamos a la búsqueda de obras, aventura que contaré en la próxima entrega.

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